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La marcha

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El sábado se había acostado de madrugada, al amanecer. Cinco horas después, una voz ronca llenó la habitación:

-¡Levántate! Hay que hacer las cosas.

Ella remoloneó en la cama todavía con los ojos cerrados y sin entender lo que ocurría.

-¡Que se hace tarde!.Ya pasa de la una. ¡Venga!

Emitió unos sonidos como los de un ronroneo, sin saber bien lo qué él le estaba diciendo, y dio unas vueltas tapándose el rostro con las sábanas.

-¿No me oyes? Hay que comprar y hacer la comida.

El ruido de la persiana, junto a las insistentes frases, terminaron por despertarla.

- ¿Por qué no lo haces hoy tú? - le preguntó ella sin muchas esperanzas.

- ¿Yo? Ya sabes que no me gusta cocinar; yo te ayudo a colocar las cosas después de la compra. ¡Venga, arriba!

Se levantó de mala gana y a los pocos minutos estaba en la calle, aún con cara de sueño y la cabeza aturdida. Caminó despacio y, pensando en situaciones parecidas que se repetían con frecuencia, sus pasos la llevaron a la estación. Sin pensarlo, se subió a un tren cualquiera con destino desconocido.

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Comentarios La marcha

Triste historia.
Xoan
xoan xoan 21/11/2012 a las 15:34

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